El Decamerón
El Decamerón YA habÃa dejado de hablar Filomena cuando la reina, viendo que no quedaba por hablar ninguno, salvo Dioneo, por su privilegio, con donoso semblante comenzó a decir:
—A mà me corresponde ahora razonar. Lo que haré con gusto, queridÃsimas amigas, contándoos una historia en parte semejante a la precedente, no sólo para que sepáis cuánto influyen vuestros encantos en los corazones gentiles, sino para que aprendáis a ser espontáneamente, cuando convenga, donadoras de vuestras dádivas, sin encomendarlo siempre a la fortuna. La cual las más de las veces no da con discreción, sino de un modo desmedido.