El Decamerón

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Pero ya el sol estaba bajo, y para que no les cogiese la noche, cuando la desventurada dama le dio licencia se fue a su casa y llamó a dos hermanos suyos y a su mujer, y trajeron una tabla, y allá acomodaron a la criada y a la casa la llevaron y, una vez reconfortada la señora con un poco de agua y con buenas palabras, echósela el labrador al hombro y la condujo a su aposento. Diole la labradora pan mojado, la desnudó, la acostó en la cama y acordóse que a ella y a la criada las llevasen por la noche a Florencia; y así se hizo.

Allí, la dama, muy hábil en el arte de los enredos, inventó una historia muy diversa de lo sucedido, haciendo creer a sus hermanos y hermanas, y a todos, que aquello les había acontecido por mañas diabólicas. Acudieron médicos, y no sin grandes congojas de la mujer, que se dejó en vendas toda la piel chamuscada, la curaron de una fuerte fiebre y de otros accidentes, y a la criada le compusieron la pierna. Por todo lo cual la mujer, olvidando a su amante, dejóse en lo sucesivo de burlas y de amores; y sabiendo el estudiante que la criada tenía la pierna rota, parecióle haber sido enteramente vengado y dejó el empeño. Eso le sucedió a la sandia joven con sus burlas, creyendo que con un hombre de cultura podría hacer lo que con otro, sin saber que éstos, si no todos la mayor parte, saben dónde el diablo tiene la cola. Por lo cual, mujeres, guardaos de mofaros de nadie, y de los hombres inteligentes en especial.


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