El Decamerón
El Decamerón que, de haberlo sentido,
trocárase en tormento;
pero es tal mi contento
que sería mi voz vana e impotente
aun para dar del mismo un breve atisbo.
¿Quién pudiera pensar que en estos brazos
contento la he tenido?
¿Quién pudiera pensar que este mi rostro
al suyo se ha acercado
de bendición colmándose, y de gracia?
No; nadie creería
esta fortuna que celoso escondo
para gozarme y alegrarme en ella.
Acabó la canción de Pánfilo, la cual, aunque por todos cumplidamente acogida, no pudo ninguno, ni aun procurándolo con más solicitud de la oportuna, adivinar, merced a sus palabras, a quién escondidamente iba dirigida, Y aun cuando todos imaginaron muchas cosas, ninguna llegó a la verdad del caso. Y la reina, advirtiendo concluida la canción de Pánfilo y viendo a jóvenes y mujeres deseosos de reposar, mandó ir a dormir.