El Decamerón

El Decamerón

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ya se ha mostrado bastante claro quién era Calandrino y los demás de que en mi cuento debo discurrir, y por eso digo sin más que una tía de Calandrino murió y le dejó doscientas liras en monedita suelta. Por lo cual Calandrino comenzó a decir que quería comprar una finca y, como si fuese a gastar diez mil florines de oro, con cuantos corredores había en Florencia emprendía tratos que siempre se disipaban al llegar al precio. Bruno y Buffalmacco, que estas cosas sabían, le habían dicho muchas veces que mejor haría gastándose con ellos el dinero que no comprando tierra que no le serviría para nada; mas con todos sus ardides no habían conseguido, no ya lo propuesto, sino que ni una sola vez Calandrino les invitase a comer. Doliéndose de ello un día, y sobreviniendo un pintor compañero suyo, llamado Nelo, deliberaron entre los tres el modo de regodearse a expensas de Calandrino. Y, sin demora, y ya acordado lo que debían hacer, esperaron a Calandrino cuando éste salía de casa, y a los pocos pasos fue Nelo a su encuentro y le dijo:

—Buenos días, Calandrino.

Calandrino le respondió que Dios le diese buen día y buen año. Y Nelo, tras un poco, le empezó a mirar a la cara.

Dijo Calandrino:

—¿Qué miras?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker