El Decamerón
El Decamerón Y él, mostrándose muy soñoliento, se levantó al cabo de la cama del huésped y tornó con Adrián; y al llegar el día y levantarse, el ventero comenzó a reír y a mofarse de los sueños de su alojado. Y, de palabra en palabra, enjaezó los rocines y colocó las maletas, y ellos, tras beber con el huésped, se volvieron a Florencia, no menos contentos de la forma en que se había desenvuelto el caso que de la esencia del mismo. Y luego, buscando otras maneras, Pinuccio se avistó con Nicolasa, la cual afirmaba a la madre que el joven había soñado, por lo que la mujer, acordándose de los abrazos de Adrián, creía haber velado ella sola.