El Decamerón
El Decamerón —Mujer, aunque tu terquedad no me haya hecho gozar un solo buen dÃa contigo, me dolerÃa que te ocurriese algún mal, por lo que, si crees mi consejo, no saldrás hoy de casa.
Y preguntándole ella por qué, le contó el sueño.
La mujer, moviendo la cabeza, dijo:
—Quien mal te quiere, mal te sueña. Tú te finges muy compadecido de mÃ, pero me sueñas tal como me querrÃas ver, y por eso hoy y siempre me guardaré de no darte motivo para regocijarte con mi mal.
Dijo entonces Talano:
—Ya sabÃa que hablarÃas asÃ, porque siempre se pica quien come ajos. Pero, creas lo que creyeres, yo te lo digo por bien. Y aún te aconsejo que estés hoy en casa y te libres de ir a nuestro bosque.
—Bueno, lo haré.
Y para sà empezó a reflexionar: «¿Has visto cómo éste, maliciosamente, quiere meterme miedo para que no vaya a nuestro bosque? Sin duda ha citado allà a alguna desgraciada y no quiere que yo lo averigüe. Pero no habla a ciegos, y bien necia serÃa yo si le creyese. En verdad que no conseguirá lo que busca. Y, asà haya de estarme todo el dÃa, conviene que yo vea qué negocio se trae entre manos».