La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía “Ciertamente” —añadí.
37.– “Por consiguiente, todos los seres aspiran a la unidad”.
“Lo confieso”.
“Pero ya se ha demostrado que la unidad y el bien se identifican”.
“Sin duda”.
38.– “Luego todos los seres aspiran al bien, que se puede definir de esta manera: el bien es, por esencia, lo que todos los hombres desean”.
39.– “Nada más cierto —repuse—. Porque una de dos: o todos los seres tienden a su aniquilamiento y, privados de su unidad, que vendría a ser como su cabeza, caminarán sin piloto a merced de las olas; o, por el contrario, si hay un principio hacia el cual se dirijan todas las cosas del mundo, ese principio será el bien sumo
40.– A lo que respondió la Filosofía: “Mucho me regocija, discípulo mío, ver que te has apoderado de la verdad; al mismo tiempo, confiesas conocer lo que no hace mucho decías ignorar”.
41.– “¿Y qué es ello?”