La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 30.– “Tú te burlas de mí —dije— construyendo todo un laberinto inextricable de argumentos, en el que haces puertas de entrada las que son de salida y a la inversa, cual si quisieras embrollar la maravillosa red de la divina simplicidad.
31.– ”Hace un instante, comenzando con la idea de la felicidad, decías que consistía en el Bien Sumo y que residía en el mismo Dios.
32.– ”Demostrabas que Dios era el Bien Supremo y la felicidad perfecta, de donde sacabas esta conclusión que me ofrecías como regalado presente: nadie puede ser feliz, si no se convierte en Dios.
33.– ”Luego declarabas que el bien es la substancia de Dios y de la felicidad y me enseñabas que la unidad es el bien y que toda la naturaleza tiende a la unidad.
34.– ”Afirmabas que Dios gobierna el universo con el timón de la bondad; que todas las cosas le obedecen de buen grado y que el mal no existe.
35.– ”Y todo este proceso lógico lo has desarrollado con argumentos no extrínsecos, sino perfectamente encadenados y que se deducían de la misma materia tratada con la cual eran los más conformes”.