La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 46.– ”Hacen, en efecto, cuanto les agrada, imaginando así alcanzar el bien que apetecen en aquello que les deleita; pero jamás logran ese bien, pues la maldad no puede conducir a la felicidad.
”Si a esos reyes que veis encumbrados en el trono. deslumbrantes con el esplendor de la púrpura, cercados de armas terribles, de feroz aspecto amenazador, respirando la cólera que anida en sus corazones, los despojarais del vano aparato que los envuelve, veríais cómo a pesar de llamarse soberanos, arrastran pesadas cadenas. Por un lado la codicia los atormenta con su insaciable veneno; por otro, flagela su espíritu el aluvión de una rabia desenfrenada: unas veces el pesar los atenaza y agota; otras, es una esperanza incierta la que los tortura: todos son tiranos, a los que ha de servir un solo hombre, que evidentemente no podrá hacer lo que quiera, dominado como está por tantos crueles señores.
1.– ”¿No ves, pues, el fango en que se revuelve la maldad y la luz con que resplandece la virtud? Claramente comprenderás con esto que al bien siempre llega su premio como al vicio su castigo.
