La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 4.– ”Por eso me admira profundamente ver trocados los papeles: que a los buenos alcance la sanción del crimen y a los malos se reserve el premio de la virtud. Querría me explicases la razón de confusión tan injusta.
5.– ”No sería tan grande mi estupor si supiera que este desorden del universo lo determina el azar a su capricho: lo que me asombra sobremanera es saber que a pesar de todo lo que vemos, hay un Dios que gobierna el mundo.
6.– ”Porque, en efecto, si bien a veces otorga dichas a los buenos y da pesares a los malos, lo cierto es que de ordinario somete a los primeros al rigor de duras pruebas y, en cambio, escucha los votos de los segundos; en estas condiciones, ¿en qué se diferencia del azar ciego y caprichoso? Esto quisiera me dilucidaras.
7.– “No es de extrañar —dijo— que este aparente desorden se presente a los ojos del mundo como temerario y confuso, siendo desconocida la razón de su existencia; en cuanto a ti, por más que ignores el plan del universo, séate suficiente saber que es bueno el supremo autor y rector de lo creado; y por lo tanto, debes estar persuadido de que todo sucede conforme a una norma que de suyo es buena.