La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía ”¿Por qué, por qué el hombre maltratado por la desgracia ha de mirar inerte, rabioso en su impotencia, al tirano que lo tortura? Nada esperes, nada temas y dejarás desarmado e impotente a tu más airado enemigo; pero si trepidas por el miedo o vacilas por una esperanza, ya has perdido tu firmeza, has vendido tu independencia, has abandonado tu escudo; y, desalojado de tus posiciones has atado a tu cuello una cadena que para siempre te arrastrará”.
1.– “¿Has oído estas palabras?” —me dijo la Filosofía—. “¿Han penetrado en tu espíritu, o bien te has quedado tan insensible como el asno ante la lira? ¿Por qué lloras? ¿Por qué fluyen de tus ojos esos arroyos de lágrimas? Si buscas remedio a tu mal, preciso es que descubras la herida”.
2.– A lo que, concentrando mis energías, respondí: “¿Acaso necesita alguna aclaración, no destaca bastante por sí mismo el rigor encarnizado de mi dura fortuna? ¿No es suficiente para moverte a compasión el solo aspecto de este lugar?
3.– ”¿Es ésta aquella biblioteca que en mi casa tú eligieras como seguro refugio, en donde muchas veces te sentabas a mi lado para instruirme en las ciencias divinas y humanas?
