La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 22.– ”De hecho, nada hay que tenga por fin el mal, ni aun el mismo proceder de los malvados; pues, como ya hemos demostrado ampliamente, es el error el que los ciega y desvía en su búsqueda del bien; mucho menos se podrá pensar que el orden, que dimana del quicio universal que es el bien supremo, se desvíe jamás de su principio.
23.– ”Pero acaso dirás: ¿Puede haber confusión más opuesta a la justicia que el ver cómo a los buenos llega la adversidad o la fortuna, y que igualmente a los malos les acontece unas veces lo que odian y otras lo que desean?
24.– ”Y yo respondo: ¿Es suficientemente recto el juicio de los hombres para que necesariamente sean buenos o malos los que ellos han declarado como tales?
25.– ”Antes bien, los juicios humanos se contradicen notablemente en este punto: aquel que unos consideran digno de recompensa, para otros merece el castigo.
26.– ”Aun concediendo que hubiera alguien que supiera distinguir a los buenos de los malos, ¿sería posible conocer lo que podríamos llamar el temperamento íntimo de las almas, empleando un término que designa la disposición de los cuerpos?