La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 58.– ”Mas veo que te vas fatigando, abrumado como estás por el peso y la transcendencia del problema. Una poesía, hermosa y agradable, te prestará algún alivio: aspira, pues, las auras poéticas que te reconfortarán para ulteriores esfuerzos.
”Si quieres conocer plenamente las leyes que ha establecido el que en los cielos gobierna el trueno y la tempestad, contempla las alturas del firmamento. Allí, leales a su antiguo y justísimo pacto, los astros se mantienen dentro de la más perfecta armonía.
”El sol, arrebatado en su llama deslumbradora, no estorba el curso de Febo en el espacio helado; la Osa, que con veloz movimiento gira en torno del Polo, no se hunde jamás en las profundidades del Poniente, a donde van a caer las demás estrellas, ni quiere nunca apagar sus luces en el Océano. Siempre regular, la estrella de la tarde anuncia las sombras de la noche, y el Lucero del alba precede al día bienhechor.
”Recíproco amor renueva el eterno curso de las estrellas: en aquellas luminosas regiones no se conoce el odio de la guerra.
”Esta concordia dispone los elementos con arreglo a leyes justas: la humedad oportunamente deja el paso a la sequedad; el frío se alía con la llama para que el fuego sutil se eleve en los aires, y las tierras se hundan arrastradas por su peso.
