La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 46.– ”Paréceme contemplar los sacrílegos antros de los criminales desbordantes de alegre júbilo; a hombres viciosísimos tramando nuevas intrigas, mientras las gentes honradas se ven abatidas, atemorizadas por el riesgo de una aventura trágica; los criminales, amparados por la impunidad, se lanzan a perpetrar nuevos crímenes, alentados con la esperanza del premio que les aguarda, al tiempo que el inocente no sólo no puede contar con su propia seguridad, pero ni siquiera puede defenderse. Por ello gritaré orgulloso: