La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 9.– ”¿No ves, pues, cuán estrecha y limitada es la gloria que os esforzáis en dilatar y propagar? Allí donde no ha podido penetrar la fama del nombre romano, ¿será posible que se haga conocer la gloria de un ciudadano de Roma?
10.– ”Añade a esto que las costumbres e instituciones de estos diversos pueblos son tan diferentes que lo que en unos se juzga digno de alabanza para otros merece el suplicio.
11.– ”Por donde verás que aun aquellos a quienes seduce la pasión de la gloria no pueden llevar su nombre a un gran número de pueblos.
12.– ”Se habrán de conformar con que su fama se difunda en el ámbito de sus familiares y amigos; y a lo sumo no pasará de las fronteras de una nación esa preclara inmortalidad que da el renombre.
13.– ”Mas, ¡cuántos nombres, ilustres en su tiempo, han quedado relegados al olvido porque no hubo escritores que de ellos se acordaran! Con todo, ¿de qué pueden servir los escritos, si ellos y sus autores han de quedar sepultados en la lejana noche de los tiempos?
14.– ”¡Sin embargo, vosotros pensáis asegurar vuestra inmortalidad cuando soñáis en vuestra gloria venidera!