La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 23.– ”Si, por el contrario, un espíritu que tiene conciencia de su mérito, libre de su prisión terrena, se eleva hasta los cielos, ¿acaso no despreciará todo lo de este mundo una vez que, gozando del cielo, se sienta feliz por haber dejado la tierra?
”Aquel cuyo espíritu ambicioso suspira sólo por la gloria creyéndola el bien supremo, que mire a las inmensas regiones del firmamento y al reducido círculo de la morada terráquea: no podrá menos de sentirse confuso y avergonzado de llevar un nombre incapaz de llenar un ámbito tan estrecho. ¿Por qué, pues, el hombre orgulloso se esfuerza en vano por libertar su cuello del yugo de la muerte?
”Podrá extenderse su fama a países remotos y, desatando las lenguas, difundirse a todo lugar; podrá su casa brillar con títulos ilustres: la muerte desprecia la gloria altanera y, derribando lo mismo al humilde que al encumbrado, iguala a los más bajos con los más altos.
”¿Quién encontraría hoy los huesos ilustres del leal Fabricio? ¿Qué son ya Bruto y el austero Catón? Queda de ellos una tenue nube de gloria que señala un nombre vano, compuesto de pocas letras.
”Y aun cuando supiéramos de muchos nombres preclaros, ¿podríamos conocer a los muertos que los llevaron?