La Consolación de la filosofÃa
La Consolación de la filosofÃa â€Quiero con el canto de mi bien templada lira ensalzar la maestrÃa y poder con que la naturaleza dirige a todos los seres, y las leyes mediante las cuales conserva, previsora, al mundo infinito, y cómo une todas las cosas, sujetándolas con lazo indisoluble.
â€Podrá el león de Cartago arrastrar magnÃfica cadena y tomar su alimento de la mano del bravo domador, acostumbrado como está a los golpes y al látigo; pero en cuanto la sangre llegue a teñir sus fauces salvajes, despertará su fiereza y con rugidos profundos, recordándose a sà mismo, desatará el nudo que aprisiona su cuello y con agudos dientes desgarrará a su dueño que será la primera vÃctima de su rabia enfurecida.
â€El ave parlera que lanza al aire sus trinos se ve un dÃa encarcelada: es ahora el entretenimiento del hombre que con cariño la cuida, la regala con abundante comida y la hace beber en vasijas que endulzó la miel. Pero si por entre las rejas de su estrecha mansión divisa la sombra placentera de los bosques, pisoteando aquella comida con esmero preparada, al bosque quiere ir, por el bosque suspira con su dulce voz.
â€La rama verde y vigorosa podrá, obligada por una fuerza poderosa, dirigirse desviada hacia la tierra; mas en cuanto la suelte la mano que la encorvó, de repente se enderezará para otra vez mirar al cielo.