La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 4.– ”Pero si no dan lo que prometen, y de hecho, aun con ellos faltan muchos otros bienes, ¿no hemos de concluir que es falsa y especiosa la apariencia de felicidad que en ellos se percibió?
5.– ”En primer lugar, quiero que me lo declares tú mismo, que no hace mucho nadabas en riquezas. Dime: mientras vivías en ilimitada opulencia, ¿no te sucedió alguna vez sentirte turbado por la ira después de haber recibido alguna injuria?”
6.– “¡Ah! —respondí—, no puedo recordar haber tenido mi espíritu siempre tan sereno que no lo nublara alguna inquietud”.
7.– “Y ello, porque te faltaba lo que tú querías tener o porque existía alguna cosa que hubieras querido ahuyentar; ¿no es así?” “Así es, ciertamente”.
8.– “Es decir, ¿qué deseabas la posesión de lo uno y la privación de lo otro?” “Lo confieso” —dije—.
9.– “Pero desea una cosa aquél que carece de ella”. “Así es”. “Y el que carece de alguna cosa, ¿se basta a sí mismo en toda situación?”
“Claro es que no se basta”.