Danzante del Filo

(RESUMEN)

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Séptima Parte: El Renacer de la Tormenta

El aire dentro del templo era frío, y las sombras parecían alargarse con cada movimiento de Oscuridad. Su espada reflejaba apenas la luz de los fabriales colgantes, como si absorbiera la poca esperanza que quedaba en el lugar. Lift dio un paso adelante, sus pies ligeros sobre el suelo de piedra, pero su corazón pesado por el momento que sabía que estaba a punto de enfrentar. —¿Por qué haces esto? —preguntó ella, su voz firme pero cargada de curiosidad—. ¿Por qué nos cazas? Oscuridad la miró, y por un instante, Lift creyó ver algo más allá de su máscara de frialdad. ¿Culpa? ¿Duda? —Porque el caos debe detenerse antes de que comience —respondió finalmente, su tono plano, como un juez que dictaba sentencia—. Personas como tú no son salvación. Son ruina. Lift apretó los puños. —Eso no lo decides tú. Oscuridad avanzó, y su espada cortó el aire con una precisión letal. Lift reaccionó, dejando que el poder dentro de ella se activara, impulsándola hacia un lado con una rapidez imposible. A cada ataque de Oscuridad, ella respondía con movimientos fluidos, casi como si estuviera bailando con la muerte misma. —Eres rápida —dijo él, sin rastro de emoción—. Pero no es suficiente. Su siguiente golpe fue más rápido, más calculado. Lift apenas logró esquivarlo, sintiendo el frío del filo rozar su mejilla. —¿Eso crees? —respondió ella, sonriendo mientras su aliento se aceleraba—. No me subestimes. Dejó que su poder fluyera por completo, llenando sus extremidades con una energía que parecía conectar con el templo mismo. Se deslizó por el suelo de piedra, subió por las paredes, y volvió a caer detrás de Oscuridad. Pero él la estaba esperando. Con un giro preciso, Oscuridad lanzó un golpe que habría sido fatal si no fuera por Wyndle. Las enredaderas del spren brotaron del suelo, formando una barrera cristalina que bloqueó la espada en el último segundo. —¡Eso estuvo cerca! —gritó Wyndle, con pánico en su voz—. Señora, esto es una locura. —Bienvenido a mi vida. —Lift saltó hacia atrás, tomando aire mientras buscaba una oportunidad. Oscuridad avanzó de nuevo, pero esta vez Lift no esquivó. En lugar de eso, se impulsó hacia adelante, deslizándose bajo su espada y golpeándolo con todo su peso en el estómago. No fue suficiente para derribarlo, pero lo hizo retroceder. —¿Por qué sigues peleando? —gruñó él, visiblemente frustrado—. Sabes que no puedes ganar. —Tal vez no. —Lift lo miró, con una chispa de desafío en sus ojos—. Pero no peleo solo por mí. Oscuridad titubeó. —¿Qué quieres decir? —Peleo por ellos. Por los que no pueden luchar. Por los que tú cazas. Las palabras resonaron en la sala, y algo cambió. El aire pareció llenarse de una energía diferente, como si el templo mismo estuviera escuchando. Oscuridad levantó su espada de nuevo, pero esta vez Lift no retrocedió. En lugar de eso, extendió una mano, dejando que el poder dentro de ella se manifestara. La luz surgió como una onda, bañando el templo en un resplandor que hizo que Oscuridad se detuviera. —¿Qué es esto? —gruñó, cubriéndose los ojos. Lift avanzó, sin miedo. —Es lo que soy. Es lo que nunca podrás quitarme. Oscuridad intentó atacarla, pero la luz lo rodeó, bloqueando cada golpe. Lift sintió que el poder fluía a través de ella, no solo como algo que usaba, sino como algo que era. —No puedes detenerme —dijo él, aunque su voz ya no tenía la misma certeza. Lift lo miró, y por primera vez, vio al hombre detrás de la máscara. No era un monstruo, sino alguien atrapado en su propia sombra. —No quiero detenerte. —Su tono era suave, casi compasivo—. Quiero que veas que hay otra manera. Oscuridad titubeó, su espada bajando ligeramente. Por un momento, el templo se llenó de silencio. Y entonces, sin previo aviso, Oscuridad dio un paso atrás. —Esto no ha terminado —dijo, antes de desvanecerse en las sombras. Lift se quedó allí, en el centro del templo, mientras la luz se desvanecía lentamente. Su cuerpo estaba agotado, pero su corazón se sentía ligero. —Señora… lo hiciste —dijo Wyndle, con un toque de asombro. —Por ahora. —Lift suspiró, dejándose caer al suelo—. Pero esto es solo el comienzo, ¿no? Wyndle no respondió, pero en su silencio había una verdad que Lift no podía ignorar. Miró hacia las estrellas a través de las grietas del templo, sintiendo algo nuevo en su interior. No era solo poder. Era propósito.

Este documento es un resumen redactado con fines exclusivamente educativos e informativos. Su contenido ha sido elaborado con palabras propias del autor del resumen y no contiene reproducciones textuales de la obra original. La obra original, titulada 'Danzante del Filo', es de autoría de Brandon Sanderson y todos sus derechos pertenecen a dicho autor y a sus titulares legales. Esta publicación no busca reemplazar la lectura de la obra original ni afecta su explotación comercial. No se reclaman derechos sobre el contenido original ni se pretende apropiación alguna. Se recomienda encarecidamente la lectura íntegra de la obra original para una experiencia completa. Puedes adquirirla legalmente en Amazon..

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