Danzante del Filo
Danzante del Filo La ciudad de Yeddaw parecÃa un laberinto interminable desde los tejados. Lift saltaba de una cornisa a otra, impulsada por el poder que fluÃa dentro de ella, pero no podÃa ignorar el peso en su pecho. Oscuridad estaba cerca, y esta vez no bastarÃa con escapar. Finalmente, encontró un refugio temporal: un puente cristalino que conectaba dos torres altas en la parte más silenciosa de la ciudad. Se detuvo en el centro, donde el vidrio bajo sus pies reflejaba las estrellas. AllÃ, el mundo se sentÃa vasto y vacÃo, como si todo estuviera en pausa. —Esto es una locura —murmuró Wyndle, enroscándose alrededor de una baranda. Sus enredaderas se extendÃan lentamente, explorando el puente—. PodrÃamos habernos escondido en las alcantarillas. No serÃa glamuroso, pero al menos no serÃa un lugar tan… visible. Lift no respondió. Estaba mirando las luces de la ciudad, respirando con dificultad mientras intentaba calmar el torbellino en su mente. —No es solo por mÃ, ¿verdad? —preguntó finalmente. —¿Qué cosa, señora? —Wyndle la miró, sus ojos brillando entre los cristales de su forma etérea. —Esto. —Se giró para mirarlo, con el ceño fruncido—. Si Oscuridad está cazando a otros como yo, entonces no puedo seguir huyendo. No puedo dejar que siga haciéndolo. —¿Y qué piensas hacer? —replicó Wyndle, con un toque de desesperación—. ¿Enfrentarlo? ¿Tú sola? Lift apretó los labios. No tenÃa una respuesta clara, pero en su interior sabÃa que huir ya no era suficiente. Antes de que pudiera responder, un escalofrÃo recorrió el aire. El puente comenzó a resonar con un sonido bajo, como un susurro que se acercaba. Levantó la vista y lo vio: Oscuridad, caminando hacia ella desde el extremo opuesto del puente. Sus hombres no estaban con él esta vez. Solo él, con su espada larga colgando de su costado y sus ojos como pozos vacÃos. —Lift —dijo su voz, rompiendo el silencio. Ella no se movió. —¿Por qué no corres esta vez? —preguntó Oscuridad, avanzando lentamente. —Tal vez estoy cansada de correr. —O tal vez finalmente entiendes lo inevitable. Lift dio un paso atrás, pero solo un paso. —Sabes, me he estado preguntando algo. Si soy tan peligrosa, ¿por qué no me mataste la primera vez que me atrapaste? Oscuridad se detuvo, inclinando la cabeza ligeramente. —Porque querÃa darte una oportunidad. Pensé que podrÃas redimirte, que podrÃas aprender. Pero estaba equivocado. Personas como tú solo traen caos. —¿Caos? —Lift rió amargamente—. ¿Crees que yo soy el problema? ¿Qué hay de ti? ¿Cuántas personas has matado mientras cazabas a gente como yo? Oscuridad no respondió. Desenvainó su espada lentamente, y el sonido del metal resonó en el aire. —Esto no es un debate, Lift. Es una corrección. Ella sintió el frÃo de su decisión asentarse en su pecho. —Pues entonces ven a buscarme. Oscuridad se lanzó hacia ella con una velocidad brutal, y Lift apenas tuvo tiempo de moverse. Saltó hacia un lado, usando el resbaladizo cristal del puente para impulsarse. La espada cortó el aire donde habÃa estado un instante antes. —¡Señora, cuidado! —gritó Wyndle, extendiendo sus enredaderas para intentar bloquear el camino de Oscuridad. Lift rodó por el suelo y se puso de pie de un salto, pero Oscuridad ya estaba sobre ella de nuevo. Esta vez, el filo de la espada apenas rozó su costado, rasgando su camisa. —No eres más que una niña —dijo Oscuridad, su voz cargada de desdén. —Eso es lo que todos dicen antes de que los deje atrás —replicó ella, sonriendo pese al dolor. Saltó hacia el otro extremo del puente, usando su habilidad para deslizarse sobre la superficie cristalina. Pero sabÃa que no podrÃa seguir esquivándolo para siempre. Oscuridad avanzó con calma, sin prisa, como un cazador que sabÃa que su presa estaba acorralada. —No puedes ganar, Lift. No puedes enfrentarte a mÃ. Ella miró hacia abajo, hacia las luces de la ciudad que brillaban a través del cristal transparente del puente. El abismo parecÃa llamarla, pero no como una amenaza, sino como una posibilidad. —¿Sabes? —dijo ella, girándose hacia Oscuridad con una sonrisa desafiante—. Me gusta hacer cosas que no puedo hacer. Antes de que él pudiera responder, se dejó caer hacia el vacÃo, desapareciendo entre las sombras de la noche.
