El aliento de los dioses
El aliento de los dioses Siri paseaba por los pasillos de la fortaleza, sintiendo las miradas de los sacerdotes quemándole la espalda. La mantenÃan encerrada en un mundo de sedas y perfumes, donde cada gesto era controlado, cada palabra medida. Pero lo que más la inquietaba era el silencio del Rey-Dios.
Llevaba semanas en Hallandren y aún no lo habÃa visto.
Cada noche la llevaban a sus aposentos, un inmenso dormitorio rodeado de cortinas translúcidas y una cama demasiado grande. Se sentaba en el borde, esperando... pero él nunca aparecÃa.
—¿Por qué? —se preguntó en voz baja.
Hasta que una noche, mientras la luna proyectaba sombras largas en la habitación, una voz profunda y suave rompió el silencio.
—No tengo lengua.
Siri se sobresaltó. En la penumbra, el Rey-Dios la observaba desde su trono. Sus ojos eran oscuros, insondables. Su presencia llenaba la habitación con una intensidad casi sobrenatural.
—No puedes hablar… —susurró.
Él negó lentamente.
