Palabras radiantes
Palabras radiantes Shallan contuvo la respiración. SabÃa que Jasnah la estaba poniendo a prueba. —HarÃa lo que fuera necesario.
La brillante señora dejó escapar una risa seca. —Todos decimos eso, niña, pero pocas veces estamos preparados para pagar el precio.
Kaladin y Shallan avanzaban lentamente hacia destinos que apenas podÃan imaginar. Las lÃneas entre la luz y la oscuridad comenzaban a difuminarse, y cada paso los acercaba a la verdad y al peligro.
Las Llanuras Quebradas se alzaban bajo un cielo cargado de tormentas, como un laberinto interminable de grietas y abismos. Kaladin se apoyó en su lanza, observando cómo el Puente Cuatro se movÃa como un solo organismo. HabÃan recorrido un largo camino desde los dÃas en que apenas podÃan sostener sus propias vidas. Ahora, cada paso era una declaración: no somos carne desechable .
—Bien hecho, muchachos —dijo, su voz cortando el aire helado—. Si seguimos asÃ, tendrán que empezar a temernos.
Teft, su más cercano aliado en esta rebelión silenciosa, se acercó con el ceño fruncido. —¿Y qué pasa si Brightlord Sadeas se da cuenta? No creo que tolere soldados que no sigan sus órdenes al pie de la letra.
