Palabras radiantes
Palabras radiantes Kaladin y Shallan, en sus propias tormentas, se enfrentaban a sus límites. Ambos habían sido quebrados, y las grietas en sus almas eran demasiado profundas para ignorarlas.
La tormenta seguía acercándose, y con ella, el destino de Roshar colgaba de un hilo. ¿Qué quedaría después de que el relámpago iluminara la oscuridad?
La tormenta finalmente llegó, rugiendo con una furia ancestral que parecía querer desgarrar el mismo tejido del mundo. Kaladin se encontraba de pie sobre el Puente Cuatro, el viento arrastrando su cabello mientras la lluvia golpeaba su rostro. La tormenta no solo estaba en el cielo; la sentía dentro de sí, un torbellino de ira, pérdida y una determinación naciente.
—¡Bájate de ahí! —gritó Teft, su voz apenas audible sobre el estruendo—. ¡Esa tormenta te matará!
Pero Kaladin no se movió. Algo dentro de él sabía que debía enfrentarse a esto. No era solo una tormenta, era un desafío, una prueba que lo llevaría al límite de lo que era capaz de soportar. Syl apareció a su lado, flotando como una chispa de luz en medio del caos.
—Esta es tu oportunidad, Kaladin —dijo, su voz calmada a pesar de la furia que los rodeaba—. ¿Qué juraste?
