Palabras radiantes
Palabras radiantes Ambos caminos, separados por vastas distancias, empezaban a converger hacia algo más grande. Los ecos de tormentas futuras resonaban en el horizonte, y con ellos, el destino de Roshar se movía como un péndulo a punto de romperse.
¿Qué es lo que guarda la tormenta? ¿Redención, destrucción o ambas?
La tormenta rugía como un animal furioso sobre las Llanuras Quebradas. Las gotas de lluvia eran proyectiles, cada una tan afilada como un cuchillo. Kaladin corría, cargando con la madera del puente mientras la tierra bajo sus pies temblaba con el peso de los parshendi que se aproximaban. La batalla era un caos de gritos, acero y sangre.
—¡Corre, maldición! —gritó Teft, su única compañía en esta pesadilla de Puente Cuatro.
Kaladin no podía detenerse, ni siquiera cuando un flechazo pasó a centímetros de su cara. Estaba claro que nadie esperaba que ellos sobrevivieran. Los portadores del puente no eran más que carne desechable, la carnada para que los soldados alezi pudieran avanzar. Y aun así, algo dentro de él se negaba a aceptar ese destino.
