Palabras radiantes
Palabras radiantes Kaladin observó a los hombres del Puente Cuatro con ojos calculadores. Las heridas y las cicatrices no eran solo fÃsicas; sus espÃritus estaban quebrados, igual que el suyo. Pero algo ardÃa en su interior, una chispa que no podÃa ignorar. Si iba a sobrevivir, si ellos iban a sobrevivir, necesitarÃan algo más que suerte.
—¿Qué estás tramando, capitán? —preguntó Rock, con su voz grave y un toque de humor cansado.
Kaladin se inclinó hacia él, su voz un susurro cargado de intención. —Entrenar. Si los soldados nos ven como carne desechable, haremos que cada uno de nosotros valga por diez.
—¿Entrenar? —preguntó Teft, frunciendo el ceño—. Apenas podemos caminar después de una jornada, y ahora quieres que nos matemos corriendo y practicando con lanzas.
Kaladin sonrió por primera vez en semanas, una sonrisa que contenÃa algo más que desesperación. —Si vamos a morir, al menos que sea luchando.
Mientras tanto, Shallan estaba inmersa en un juego peligroso. HabÃa descifrado parte de los secretos de Jasnah, aunque eso significara arriesgar su propia alma. Las piedras alma que robó le permitieron acceder a un poder que apenas comenzaba a comprender. Esa noche, sola en su habitación, practicó de nuevo.
