Secretos de familia
Secretos de familia —¡Me mentiste! Cada dÃa, cada noche, cada beso... estabas mintiendo.
—Te juro que no fue asà —responde ella, con voz quebrada—. Solo querÃa que me vieras por lo que soy, no por lo que llevo de apellido.
Pero Chase está herido. No puede procesarlo. Siente que fue manipulado, como si el fantasma del pasado hubiera vuelto para burlarse de él con rostro dulce y cuerpo de tentación.
Jessica le entrega la carta de su padre. Él la lee, pero la furia lo ciega. No está listo para matices. Solo ve el nombre. El engaño. El dolor heredado.
—Vete —dice, con una frialdad que corta—. No quiero volver a verte.
Jessica se va. La puerta se cierra como un golpe seco. Y con ella, también se cierra el espacio que habÃan construido juntos.
Los dÃas siguientes son grises. Chase intenta retomar su rutina, pero todo sabe a poco. La comida ya no lo llena. El trabajo ya no lo distrae. Todo le recuerda a ella.
Scott Westmoreland, al enterarse, refuerza su odio:
—Te lo dije. No se puede confiar en los Graham.
Pero algo dentro de Chase empieza a dudar. La carta. Los gestos de Jessica. Sus ojos. Nada en ella encajaba con la imagen de traidora.