Secretos de familia
Secretos de familia La atracción se vuelve insoportable. Jessica y Chase están atrapados en un vaivén de encuentros fortuitos, gestos cargados de tensión y silencios que gritan más que cualquier palabra. Él intenta resistirse, pero cada vez que la ve, cada vez que huele uno de sus pasteles o escucha su risa, el muro se agrieta.
Jessica no lo tiene más fácil. Sabe que está cayendo. Y sabe que cuanto más profundo sea el vÃnculo, más devastadora será la verdad cuando él descubra su apellido.
Una noche, después de un evento benéfico, las máscaras caen.
—Me estás volviendo loco —le dice Chase, atrapándola con la mirada—. No dejo de pensar en ti.
Jessica tiembla. La tensión acumulada se libera en un beso que quiebra toda lógica. Un beso largo, necesitado, voraz. Ella se rinde. Él se pierde. Y esa noche, el deseo se convierte en fuego.
Pero al amanecer, la conciencia regresa como una resaca.
Jessica, envuelta en las sábanas de Chase, mira el techo sabiendo que está cometiendo un error. No por el placer. No por lo que siente. Sino por lo que oculta. Él duerme tranquilo, sin saber que en su cama yace una Graham.