La Hermandad de Duna
La Hermandad de Duna Desde las sombras, un susurro familiar resonó en su mente. “Sobrevive, Raquella. Transciende.” Era la voz de su mentor, pero también algo más, algo que no podía identificar. A medida que su visión se oscurecía, un fuego interno comenzó a consumirla. No era solo la muerte lo que la reclamaba, sino una transformación. En ese instante de absoluta debilidad, Raquella sintió una conexión profunda con la melange, el material que había moldeado a los Navegantes de la Cofradía Espacial. Su mente se expandió, y en un destello de comprensión, pudo vislumbrar hilos invisibles que conectaban a todas las cosas.
Cuando sus ojos finalmente se abrieron, ya no era la misma. Ahora veía más allá de lo humano. Raquella Berto-Anirul había renacido como la primera Reverenda Madre.
—La Hermandad ya no se guiará por las sombras de las brujas de Rossak —declaró mientras se ponía de pie, tambaleante pero imponente—. Desde ahora, forjaremos nuestro propio camino.
—¿Y qué camino es ese? —preguntó una de las mujeres, con veneno en su voz—. ¿El tuyo?
Raquella la miró con una calma que heló el aire.
—El camino del futuro.
