Muchas vidas, muchos maestros
Muchas vidas, muchos maestros En ese trance, se revive una muerte violenta: una inundación arrasa el pueblo, el agua helada ahoga, arranca de los brazos a la hija amada. El cuerpo en el diván reacciona: jadeos, tensión, angustia. El alma revive el instante exacto del trauma. Y algo ocurre. Días después, en la vida presente, los miedos empiezan a desvanecerse. El terror al agua y a la asfixia disminuye. Las pesadillas cesan.
Cada sesión revela un nuevo rostro, una nueva época: una mujer española enferma de fiebre por el agua contaminada; un joven guerrero asesinado por la espalda en medio de una batalla; una sirvienta negra en el sur esclavista que muere de una afección cardíaca. Y en cada muerte, una constante: la liberación. El cuerpo muere, pero la conciencia no se apaga. Flota, observa, se desprende. Y lo que fue trauma en aquella vida, al ser revivido ahora, se transforma en sanación.
Las emociones no distinguen entre esta vida y las anteriores. Lo no resuelto se traslada, lo no comprendido persiste. Las cargas se acumulan hasta que la mente consciente permite que emerjan. Entonces, una escena que parecía absurda o fantástica se convierte en una revelación que da sentido al presente. Y con el sentido, llega la curación.
