Agnes Grey
Agnes Grey En ningún otro miembro de la familia lamenté tanto esta triste falta de principios como en la señorita Murray; no solo porque me habÃa tomado cariño, sino porque habÃa en ella muchas cosas atractivas y agradables y, a pesar de sus defectos, la querÃa… cuando no provocaba mi indignación o me exasperaba con una extraordinaria exhibición de sus faltas, por mucho que me empeñara en pensar que éstas eran la consecuencia no de sus inclinaciones sino de una mala educación, en la que nunca se le habÃa enseñado a distinguir entre el bien y el mal. Desde su infancia, e igual que a sus hermanos y hermanas, se le habÃa permitido tiranizar a las niñeras, institutrices y criadas; no se le enseñó a moderar sus deseos, a controlar su temperamento, a poner lÃmite a su voluntad o a sacrificar su propio placer por el bien de los demás. De buen carácter por naturaleza, no era arisca ni tenÃa arranques de mal humor, pero a fuerza de una educación demasiado indulgente, a menudo se mostraba irritable y caprichosa. Su espÃritu no habÃa sido cultivado y resultaba un tanto ligera de cascos; poseÃa una considerable vivacidad, cierta rapidez de percepción y talento para la música y los idiomas, pero hasta los quince años no se preocupó de aprender nada. Después, el deseo de presumir habÃa encendido sus facultades y la habÃa llevado a aplicarse en el estudio, aunque éste se limitara a cosas encaminadas a un lucimiento personal. Aquél era el estado de cosas cuando llegué a la casa: todo lo descuidaba, excepto el francés, el alemán, el canto, la música, el baile, las labores y algo de dibujo, ese tipo de dibujo de gran efecto y poco trabajo, y de cuyas partes más difÃciles me ocupaba yo. Para el canto y la música, aparte de algunas clases que yo le daba, contaba con el mejor maestro de la ciudad, y en ambas cosas, asà como en la danza, progresó notablemente. Dedicaba un tiempo excesivo a la música, y yo, como institutriz, tenÃa que recordárselo a menudo; su madre, sin embargo, solo veÃa que a ella le gustaba y no encontraba ningún inconveniente en que dedicase todo el tiempo del mundo a adquirir un adorno tan bello.