Agnes Grey
Agnes Grey El primero de junio llegó al fin y Rosalie Murray se convirtió en lady Ashby. ¡Estaba tan bella en su traje de novia!
Nada más regresar de la iglesia, después de la ceremonia, entró corriendo en el cuarto de estudios, con las mejillas encendidas por la excitación y riendo… mitad alegre y mitad desesperada, o, al menos, ésa fue mi impresión.
—Señorita Grey, ¡ya soy lady Ashby! —exclamó—. ¡Ya está! ¡Mi destino está sellado… ya no hay vuelta atrás! Vengo a que me felicite y a despedirme de usted. Y, luego… París, Roma, Nápoles, Suiza, Londres… ¡Oh, Dios mío! ¡Cuántas cosas veré y oiré antes de mi regreso! Pero no se olvide de mí. Aunque haya sido una niña mala, yo tampoco me olvidaré de usted. Pero… ¿es que no va a felicitarme?
—No puedo felicitarla —contesté— hasta no saber que este cambio trae cosas buenas a su vida, aunque sinceramente espero que así sea, y le deseo toda clase de felicidad y bendiciones.
—Gracias. Y, ahora, adiós… el coche espera y me están llamando.
Me dio un beso rápido y se alejó a toda prisa, para volver enseguida y abrazarme con más afecto del que le había creído capaz de sentir; después se marchó con lágrimas en los ojos.