Agnes Grey
Agnes Grey Hice todo lo que pude por consolarla y le ofrecà los consejos que me parecieron más prudentes. Intenté persuadirla, con amabilidad, de que intentara mejorar el carácter de su marido. Y si, después de hacer todo lo posible por cambiarlo, su comportamiento seguÃa siendo el mismo, le dije que debÃa esforzarse por no pensar en ello, por refugiarse en su propia integridad y preocuparse lo menos posible por él. La exhorté a que buscara consuelo en cumplir su deber con Dios y con sus semejantes, a que depositara su confianza en el Cielo, y a que se entregara al cuidado y a la educación de su hijita, asegurándole que el cariño de ésta la recompensarÃa con creces.
—Pero no puedo dedicar toda mi vida al cuidado de una niña —dijo—; podrÃa morirse, lo que no es nada improbable[10].
—Con cuidados, muchos niños frágiles se convierten en hombres y mujeres fuertes.
—Puede que se convierta en un ser tan insoportable como su padre y acabe odiándola.
—No creo que eso suceda. Es una niña y se parece mucho a su madre.