Agnes Grey
Agnes Grey HabÃamos terminado de subir la parte difÃcil y quise retirar mi brazo del suyo, pero una ligera presión en el codo me dio a entender claramente que no era eso lo que él deseaba, y por lo tanto desistÃ.
Conversando sobre distintos temas, entramos en la ciudad y atravesamos varias calles. Me di cuenta de que se alejaba de su camino por acompañarme y, pensando que tal vez lo hacÃa por educación, le comenté:
—Temo que le esté alejando de su camino, señor Weston… Creo que la carretera que va a F. está en otra dirección.
—Me despediré al final de la próxima calle —me dijo.
—¿Y cuándo vendrá a conocer a mi madre?
—Mañana… si Dios quiere.
El extremo de la calle era casi el final de mi paseo. Él se detuvo allÃ, me dio los buenos dÃas y llamó a Snap, que parecÃa dudar entre seguir a su antigua dueña o a su nuevo amo, pero terminó acudiendo a la llamada de este último.
—Siento no poder devolvérselo, señorita Grey —me dijo el señor Weston, sonriendo—, pero le he cogido mucho cariño.
—No se preocupe, no lo quiero —repliqué—. Me siento satisfecha porque sé que ahora tiene un buen amo.