Agnes Grey

Agnes Grey

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XXV. CONCLUSIÓN

—Me parece, Agnes, que no deberías dar paseos tan largos antes del desayuno —me dijo mi madre, observando que tomaba una taza de café más de lo habitual y que no comía nada.

Yo me disculpé diciendo que debía de ser por el calor y por la fatiga de la larga caminata. Me parecía que tenía fiebre y, realmente, estaba cansada.

—Siempre te vas a los extremos. Un corto paseo cada mañana te sentaría bien.

—Así lo haré, mamá.

—Lo que has hecho es aún peor que quedarte tumbada en la cama o estudiando todo el día. ¡Vas a conseguir caer enferma!

—No volveré a hacerlo —le dije.

Me torturaba el cerebro pensando en la forma de hablarle del señor Weston, pues tenía que advertirle que vendría al día siguiente. Sin embargo, esperé a que el desayuno estuviera recogido y yo más fría y serena. Entonces, cuando me había sentado para empezar un dibujo, le dije:

—Encontré a un antiguo amigo esta mañana en la playa.

—¿Un antiguo amigo? ¿Quién puede ser?


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