La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall LA EXCURSIÓN
No muchos días después de esto, una apacible y soleada mañana —el suelo estaba más bien blando; la última nevada acababa de consumirse, dejando todavía una fina capa, aquí y allá, demorándose sobre la fresca hierba bajo los setos; pero junto a ellos, las primaveras asomaban ya entre su húmedo, oscuro follaje, y la alondra celebraba en lo alto el verano, el amor y la esperanza, y todas las cosas celestiales—; yo estaba en la ladera de la colina, disfrutando de aquellas maravillas y cuidando del bienestar de mis corderos y de sus madres, cuando, al mirar a mi alrededor, vi a tres personas ascendiendo por el valle.
Eran Eliza Millward, Fergus y Rose; así que atravesé el campo para ir a su encuentro; al decirme que iban a Wildfell Hall, les dije que iba de buena gana con ellas, y ofreciendo mi brazo a Eliza, quien lo aceptó inmediatamente en lugar del de mi hermano, le dije a éste que podía volverse porque yo iba a acompañar a las damas.
