La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall UN CONTRATO Y UNA PELEA
Cuando todos se hubieron marchado, supe que la vil calumnia había estado circulando por la reunión y en presencia de la víctima. Rose, sin embargo, juró que ni la creía ni iba a creerla, y mi madre hizo la misma declaración, aunque me temo que no con una convicción tan real y tan firme.
Parecía tenerla siempre en la cabeza y solía irritarme con expresiones tales como:
—¡Vaya, vaya, quién lo hubiera pensado!… ¡Bueno, siempre me pareció que había algo extraño en ella!… Ya ves lo que ganan las mujeres afectando ser diferentes de los demás…
Un día dijo:
—Recelé de esa apariencia de misterio desde el principio… Pensé que no podía esconder nada bueno; pero resulta triste, muy triste, estar convencida de ello.
—Pero, madre, dijiste que no creías en esas historias —dijo Fergus.
—Y no las creo, querido; pero, a pesar de todo, deben tener algún fundamento, ¿no crees?
