La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall UN TÊTE-À-TÊTE Y UN DESCUBRIMIENTO
Hice el camino en poco más de veinte minutos. Me detuve ante la puerta para secarme el sudor de la frente, recuperar el aliento y cierta serenidad. La veloz carrera había mitigado ya parte de mi agitación y con paso firme y tranquilo recorrí el sendero del jardín. Al pasar por delante del ala habitada del edificio, vi a través de la ventana abierta a la señora Graham, paseando lentamente de un lado a otro de su solitaria habitación.
Se mostró inquieta, e incluso desalentada, por mi llegada, como si pensara que yo había ido también a acusarla. Me había presentado ante ella con la intención de ofrecerle mi condolencia por la maldad del mundo y para ofrecerle mi ayuda frente a los abusos del vicario y sus viles informantes, pero de pronto me dio vergüenza mencionar el asunto y decidí no hacer referencia a él, a menos que ella me brindara la oportunidad.
—Vengo a una hora inoportuna —dije, aparentando una jovialidad que no sentía, con intención de tranquilizarla—; pero sólo voy a estar unos minutos.
Me dirigió una sonrisa, desmayada, es verdad, pero muy cariñosa o casi diría que agradecida, pues sus temores desaparecieron totalmente.
