La inquilina de Wildfell Hall

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CAPÍTULO XIX

UN INCIDENTE

22 Noche. — ¿Qué he hecho? ¿Cuáles serán las consecuencias? No puedo reflexionar serenamente sobre ello; no puedo dormir. Debo recurrir a mi diario otra vez; lo pondré por escrito esta noche y ya veré lo que pienso de ello mañana.

Bajé a cenar decidida a mostrarme jovial y amable, y mantuve mi decisión muy honrosamente, teniendo en cuenta cómo me dolía la cabeza y lo desdichada que me sentía por dentro. No sé lo que me ha pasado últimamente; en verdad, mis energías, tanto mentales como físicas, deben de estar extrañamente deterioradas, pues de lo contrario no me habría comportado con tanta flaqueza en muchos aspectos como lo he hecho; pero no me he sentido bien estos últimos dos días; supongo que se debe a comer y dormir tan poco, y a pensar tanto, y a estar tan continuamente de mal humor. Pero sigamos: me estaba esforzando por tocar y cantar para entretenimiento y a petición de mi tía y Milicent, antes de que los caballeros entraran en el salón (a la señorita Wilmot nunca le gusta derrochar sus empeños musicales para regalar sólo los oídos de las damas). Milicent había pedido una cancioncilla escocesa y yo estaba en la mitad de la interpretación cuando ellos entraron. Lo primero que hizo el señor Huntingdon fue acercarse a Annabella.


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