La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall UNA DISCUSIÓN
Dos días más tarde, la señora Graham se presentó en Linden Car, contrariamente a la suposición de Rose, quien sostenía la idea de que la misteriosa ocupante de Wildfell Hall desdeñaría por completo las observaciones comunes de la vida civilizada, opinión en la que la secundaban los Wilson, quienes atestiguaban que ni su visita ni la de los Millward habían sido devueltas todavía. Sin embargo, la causa de aquella omisión fue explicada, aunque no a la entera satisfacción de Rose. La señora Graham había traído consigo a su hijo, y cuando mi madre le expresó su sorpresa de que el niño fuera capaz de hacer una caminata tan larga, contestó:
—Es un paseo muy largo para él, pero debía traerle conmigo o renunciar del todo a la visita, porque nunca le dejo solo. Debo rogarle, señora Markham, que me excuse ante los Millward y la señora Wilson cuando los vea, pues me temo que no podré tener el placer de visitarlos hasta que mi pequeño Arthur sea capaz de acompañarme.
—Pero tiene usted una criada —dijo Rose—; ¿no podría dejar al niño con ella?
—Ella tiene otras ocupaciones que atender y, además, es demasiado vieja para correr tras el niño; y él es demasiado inquieto para estar sujeto a una mujer de edad.
—Pero le permitió usted ir a la iglesia.
