La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall EL VECINO
25 de diciembre de 1823. — Otro año ha quedado atrás.
Mi pequeño Arthur crece y se desarrolla. Es sano pero no robusto, lleno de vivacidad, dulce y juguetón, y ya afectuoso, emocionable e irritable, aunque pasará mucho tiempo antes de que pueda encontrar palabras para expresarlo. Por lo menos se ha ganado el corazón de su padre; y ahora mi terror constante es que no se estropee con la indulgencia imprudente de ese padre. Pero también debo prevenirme contra mi propia debilidad porque nunca supe hasta ahora lo fuertes que son las tentaciones de los padres de echar a perder a un hijo único.
