La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall ESCENAS DOMÉSTICAS
A la mañana siguiente yo misma recibí algunas líneas de él, que confirmaban las insinuaciones de Hargrave sobre su pronto regreso. Y llegó la semana siguiente, pero en unas condiciones físicas y mentales peores que antes. Sin embargo, esta vez no tenía intención de pasar por alto su abandono sin hacer alguna observación: no me pareció adecuado. Mas el primer día él estaba cansado del viaje y yo contenta por tenerle de nuevo conmigo: no le reprendería entonces; esperaría a mañana. A la mañana siguiente él seguía cansado; esperaría un poco más. Pero a la hora de cenar, cuando, después de haber desayunado a las doce una botella de agua carbónica y una taza de café bien cargada, de haber almorzado a las dos con otra botella de agua carbónica mezclada con brandy, empezó a sacarle defectos a todo lo que había sobre la mesa, afirmando que debíamos cambiar de cocinera, pensé que había llegado el momento.
—Es la misma cocinera que teníamos antes de que te fueras, Arthur —dije—. Entonces, estabas muy satisfecho en general con ella.
—Pues entonces es que has dejado que se descuidara mientras he estado fuera. ¡Comer esta asquerosa porquería es suficiente para envenenarle a uno! —Apartó con expresión caprichosa el plato que tenía delante y se dejó caer desesperado sobre el respaldo de su silla.
