La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall Es un dÃa lluvioso, diluvia más bien, la familia se ha ido de visita, yo estoy solo en mi biblioteca, he estado examinando cartas y papeles antiguos, húmedos, meditando sobre tiempos pasados… Asà que estoy en el estado de ánimo adecuado para entretenerte con una historia del viejo mundo; y después de retirar los pies, bien chamuscados, de los quemadores, he girado sobre los talones y me he dirigido a la mesa para dedicar las lÃneas que preceden a mi viejo y hosco amigo. Ahora estoy a punto de obsequiarte con un esbozo —no, no un esbozo—, un relato completo y fiel de ciertas circunstancias relacionadas con el hecho más importante de mi vida —al menos de mi vida anterior a mi relación con Jack Halford—, y cuando lo hayas leÃdo, acúsame, si puedes, de ingratitud y reserva hostil.
Sé que te gustan las historias largas y que insistes mucho en los detalles concretos y circunstanciales, igual que mi abuela, asà que no voy a ahorrártelos: mis únicos lÃmites serán mi paciencia y mi propio placer.
