La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall EL ESTUDIO
El mes llegaba a su fin cuando, cediendo a la apremiante insistencia de Rose, la acompañé a una visita a Wildfell Hall. Para sorpresa nuestra, fuimos conducidos a una habitación en la que el primer objeto con el que tropezaron mis ojos fue un caballete de pintor; junto a él había una mesa ocupada por lienzos, botellas de óleo y barniz, una paleta, pinceles, pinturas, etc. Inclinados contra la pared había varios bocetos en diversas etapas de progresión, y unos cuantos cuadros terminados, la mayor parte, paisajes y retratos.
—Tengo que recibirlos en mi estudio —dijo la señora Graham—, no hay fuego en el salón hoy, y hace demasiado frío para que permanezcan en un sitio con la chimenea vacía.
