La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall PROGRESO
Durante los cuatro meses siguientes no entré en casa de la señora Graham, ni ella en la mía; pero las damas siguieron hablando de ella, y nuestro conocimiento siguió, aunque lentamente, progresando. En cuanto a lo que decían, yo no prestaba mucha atención (en lo que se refería a la bella ermitaña, quiero decir), y la única información que retuve fue que un día muy frío se había aventurado a llevar a su hijo hasta la vicaría y que, desgraciadamente, nadie estaba en la casa excepto la señorita Millward; a pesar de lo cual se había quedado un largo rato y, según decían todos, habían tenido mucho que hablar la una con la otra y se habían separado con un deseo mutuo de volver a verse. Pero a Mary le gustaban los niños, y a las orgullosas madres les gustan aquellos que saben apreciar debidamente sus tesoros.
