La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall FLUCTUACIONES
El lento calesín me había dado alcance por fin. Monté en él y le rogué al hombre que lo había traído que lo condujera a Grassdale Manor. Estaba demasiado ocupado con mis propios pensamientos para llevarlo yo mismo. Quería ver a la señora Huntingdon. No podía considerarse impropio que lo hiciera ahora que hacía un año que había muerto su marido.
Y por su alegría o su indiferencia ante mi inesperada visita, podría saber en seguida si su corazón era verdaderamente mío. Pero mi acompañante, un tipo listo y locuaz, no estaba dispuesto a permitir que me entregara a mis cavilaciones.
—¡Allá van! —dijo al ver el carruaje que iba delante de nosotros—. ¡Menudo revuelo se va armar hoy allá abajo! ¿Sabe algo de esa familia, señor? ¿O no conoce estas tierras?
—Me han hablado de ellos.
—¡Hum! De todas formas, la mayor parte se ha ido. Y supongo que la señora se marchará cuando todo este alboroto termine y se irá a vivir a alguna parte de su heredad; y la joven (bueno, en realidad no es nada joven) viene a vivir al Grove.
—¿Se ha casado acaso el señor Hargrave?
