El profesor
El profesor ¿Y Pelet? ¿Qué me pareció después? ¡Oh, me caía extremadamente bien! Conmigo no podía ser más amable, caballeroso e incluso amigable. No tuve que soportar de él ni un frío abandono, ni una irritante intromisión, ni una pretenciosa afirmación de superioridad. Me temo, sin embargo, que dos pobres profesores adjuntos belgas, que trabajaban esforzadamente en el centro, no podían decir lo mismo; con ellos el director era invariablemente seco, severo y distante; creo que advirtió en un par de ocasiones que me sorprendía un tanto la diferencia de trato que recibíamos, y la justificó diciendo con una tranquila sonrisa sarcástica:
—Ce ne sont que des flamands, allez![22]
