El profesor

El profesor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo IX

Naturalmente monsieur Pelet no pudo objetar nada a la propuesta que me hacía mademoiselle Reuter, dado que precisamente el permiso para aceptar un empleo adicional como ése formaba parte de las condiciones en las que me había contratado. Se determinó, por tanto, en el transcurso del día siguiente, que estaba autorizado a dar clases en el colegio de mademoiselle Reuter cuatro tardes por semana.

Al llegar la tarde, me dispuse a ir al colegio de mademoiselle para hablar con ella en persona. No había tenido tiempo de hacer antes la visita, a causa de mis clases. Recuerdo muy bien que, antes de abandonar mi habitación, sostuve un breve debate conmigo mismo sobre la conveniencia de cambiar mi atuendo habitual por otro más elegante; finalmente, decidí que sería un esfuerzo innecesario. «Sin duda —pensé—, será una rígida solterona, pues, aunque sea la hija de madame Reuter, es muy posible que haya llegado ya a los cuarenta inviernos, y aunque no fuera así, aunque fuera joven y hermosa, yo no soy atractivo ni lo seré por mucho que me cambie; así pues, iré tal como estoy.» Y me fui, echándome una ojeada al pasar por el tocador, sobre el que había un espejo; vi una cara delgada y de facciones irregulares, de ojos negros, hundidos bajo una frente ancha y cuadrada; un cutis sin lozanía, un hombre joven, pero no juvenil, que no podía ganarse el amor de una dama ni ser blanco de las flechas de Cupido.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker