El profesor
El profesor Al dÃa siguiente, la mañana parecÃa transcurrir con una gran lentitud en el centro de monsieur Pelet. Yo deseaba que llegara la tarde para poder volver al internado vecino y dar mi primera clase en aquel cautivador recinto, pues a mà me parecÃa cautivador. Al mediodÃa llegó la hora del recreo; a la una comimos; con esto pasó el tiempo y por fin sonó la grave campana de Ste. Gudule dando lentamente las dos, señalando el momento que tanto habÃa esperado.
Al pie de la estrecha escalera trasera por la que se bajaba desde mi habitación, me encontré con monsieur Pelet.
—Comme vous avez l’air rayonnant! —dijo—. Je ne vous ai jamais vu aussi gai. Que c’est-il donc passé?
—Apparemment que j’aime les changements —contesté.
—Ah! Je comprends. C’est cela. Soyez sage seulement. Vous êtes bien jeune, trop jeune pour le rôle que vous allez jouer. Il faut prendre garde, savez-vous?
—Mais quel danger y-a-t-il?
—Je n’en sais rien. Ne vous laissez pas aller à de vives impressions, voilà tout[33].
