El profesor
El profesor En cuanto cerré la puerta, vi dos cartas sobre la mesa. Pensé que serían invitaciones de los familiares de algunos de mis alumnos. Recibía tales muestras de atención de vez en cuando. En el caso de alguien que carece de amigos como yo, otra correspondencia más interesante era impensable. La visita del cartero no había sido jamás un acontecimiento desde mi llegada a Bruselas. Puse la mano sobre los papeles con indiferencia, y mirándolos fríamente y despacio, me dispuse a romper los sellos. Mis ojos se detuvieron, mi mano también. Vi algo que me excitó tanto como si hubiera encontrado una vívida imagen cuando esperaba descubrir tan sólo una página en blanco. En un sobre había un sello inglés; en el otro, la letra clara y elegante de una dama. Abrí primero esta última.
