Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

9

Pero lo cierto es que esas privaciones, o, mejor dicho, las miserias de Lowood, fueron remitiendo. Con la proximidad de la primavera cesaron las heladas invernales, la nieve se fundió y amainaron los afilados vientos. Mis lastimados pies, tan despellejados e hinchados por el frío que casi me impedían andar con normalidad, comenzaron a mejorar gracias a las templadas brisas del mes de abril. Las temperaturas nocturnas ya no nos congelaban la sangre en las venas, y hasta la hora de recreo que pasábamos en el jardín empezaba a ser soportable. Es más, si hacía sol, incluso llegaba a resultar agradable y divertida: ahora que los brotes de verdor crecían entre los parterres, daba la impresión de que una capa de esperanza los visitaba cada noche y dejaba a su paso rastros de frescura aún perceptibles por la mañana. Las flores apuntaban su presencia entre las hojas: campanillas, azaleas, prímulas de color violeta y pensamientos salpicados de motas doradas. Los jueves por la tarde los dedicábamos a dar paseos y a recoger las flores más bellas que abrían sus pétalos bajo los setos, en los márgenes del camino.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker